¿Que la prensa no sabe transmitir qué es la ciencia y su proceder? Nada nuevo, ya se ha visto con las críticas de Carlos Elías y Ben Goldacre en 2008, denunciando, entre otros y numerosos asuntos, las relaciones entre prensa y ciencia. Ya se ha visto cómo pilas de estudios se han malinterpretado en búsqueda de un titular impactante, más cercano a la mentalidad del común: a causa b. Sus matices, ¡fuera!
Se pierde de vista que necesariamente debe ser una correlación imperfecta entre dos variables (una correlación de Pearson perfecta, un r=1, en la práctica es un sueño casi imposible, siempre nos encontraremos con el ruido de fondo de la influencia de demás variables). Se empedra el camino para que un mal estudio se cuele. Y mientras tanto, esa sección de ciencia está colmada de periodistas que no tienen claro qué es lo que hay que tratar, con excepciones como Javier Sampedro en el País.
La economía, ciencia mal transmitida
¿Habéis visto ese abundante y aburrido ejemplar de economía, distinguiéndose del resto con sus páginas en color salmón u otro color? Puede parecerte que tratan a la ciencia lúgubre con respeto. Sin embargo, ¿qué contiene? En realidad, información asimétrica como la que demostrarían Stiglitz y Grossman en 1980: te darán una caricatura no tan matizada de la economía, mientras el economista tendrá unos poderosos conocimientos teóricos que no mostrará de primeras. Servidor confiesa no haber oído, verbi gratia, de la ley de Okun hasta que alguien la mencionó en algún sitio aleatorio.
Al menos, tal asimetría consta en público. Mencionaré a alguien al que leo ahora, Dani Rodrik. En su muy recomendable La paradoja de la globalización, se explaya sobre aquella transmisión de los conocimientos del economista al profano (pág. 82), hablando del contraste entre la pobreza de la sucinta respuesta que daría el economista al periodista si éste le preguntara por la idoneidad del libre comercio con tal país, mientras ese economista llena de matices su respuesta al explicarla a los alumnos. Y hasta nos invita a una tutoría si queremos profundizar en esos menesteres. Dice:
Bien, no es necesario que lea la letra pequeña; si ha deducido que la respuesta en el aula es muy diferente de la telefónica, está totalmente en lo cierto. Una afirmación directa, sin matices, sobre los incuestionables beneficios del comercio se ha transformado ahora en una exposición adornada con todas las dudas posibles. Parece, de algún modo, que los conocimientos que el profesor imparte encantado y con gran orgullo a sus alumnos se consideran demasiado peligrosos para el público en general. Las matizaciones del aula se dejan de lado para no confundir al público.
Y sentencia:
Esta desconexión siempre me ha preocupado. En mi carrera de investigador, nunca -bueno, casi nunca- me he sentido censurado o presionado para mantener la postura oficial. A los economistas académicos se les recompensa por su pensamiento divergente y por ser innovadores. Eso incluye identificar formas nuevas en las que fallan los mercados y elaborar argumentos nuevos sobre cómo la intervención del gobierno en la economía puede hacer que las cosas vayan mejor. A menos que sea usted doctor de economía, es improbable que haya experimentado esa riqueza y diversidad de argumentos. En público, siempre se puede contar con que los economistas van a pronunciar las mismas palabras de alabanza al libre comercio.
Aqueste capítulo termina con un Rodrik bramando sobre la oportunidad que han perdido los economistas para la comunicación pública. En época de crisis, todos esos Lanskys de la vida derrochando kilobytes son víctimas y verdugos de una incomprensión pública de la economía, caracterizada por transmitir una caricatura de aquesta ciencia que no incluye su riqueza de matices, enriquecida por la participación de diversos científicos1.
Por ejemplo, no se aprecia la creación de un modelo macroecónomico con sus límites técnicos, una de estas proezas intelectuales que hacen encantadora la ciencia social, si me permitís el juicio de valor, por el esfuerzo invertido en conseguir explicar mejor alguno de esos efectos tras el roce de aquellos agentes económicos. Falta comprensión. Aún así se habla.
En ese clima de incomunicación e incomprensión, incluso hay quien podría excretar que la economía no es una ciencia o se pondría a canturrear analogías extrañas en nombre del Sesgo Ideológico, perdiéndose interesantes artículos de divulgación como el que suscribió José Luis Ferreira. Incluso tiene variantes chungas, como la transmisión de una imagen monolítica de la economía, argumento para mentes perezosas. Una imagen que ignora la ebullición académica de la ciencia económica, que se recoge con mucho acierto en El conocimiento y la riqueza de las naciones, con gentes como Nordhaus discrepando de la medición del PIB per cápita expresando una historia de la iluminación. Parece que tampoco se nos ha informado debidamente de los mecanismos de las ciencias sociales, que son capaces de encontrar regularidades en nuestra especie empleando un método científico distinto al de otras ciencias.
Veamos más incomprensión económica. Ramón Flores, en Twitter, esputa:
“Los mercados” no son tornados ni huracanes. Está detrás gente con nombre y apellidos, y sobre todo rostros que todos deberíamos conocer.
Responde a cierto orden mental, en donde necesitamos ver actores y causas claras detrás de los procesos del mundo, amén de cierta coherencia. Incluso la palabra «mercados» se menciona en los periódicos, aunque se vitupere al rigor. Un orden que, como bien nos recordaría Robin Dunbar en El miedo a la ciencia, ha sido útil para nuestra especie, pero que con pensamientos de mayor fuste no basta. Flores podría matizar su afirmación si hubiera una mezcla adecuada de interés e información, que la hay. Aprovecho y os ilustro.
¿Qué es un mercado?
Yéndonos al ABC de la economía, sería un espacio en donde compradores y vendedores, bajo normas orales o escritas, realizan transacciones o acuerdan contratos. Es un proceso social en donde todos participan, aunque tu influencia varíe según quién seas. Se han corrido ríos de tinta sobre la dinámica del mercado, como esos tipos de competencia o las asimetrías en la información: tú me vendes un coche por 20.000 euros, he leído cuatro cosas y me gusta, pero tú sabes mucho más, algo que ya recogió Akerlof en 1970.
Claro, una multinacional va a tener más voz en el mercado que Pepín. Pero no hay por qué hacer un salto epistemológico, señalando a unos actores relevantes y dando por hecho que el mercado se reduce a eso, eliminando factores y causas. ¿No os recuerda esa simplificación a la que se ha realizado en este cartel?:

Digresión. Un análisis económico indicará, al menos, una multiplicidad de factores para una crisis. Que si España no está aislada internacionalmente, que si aquí se tuvo una expansión de crédito y una burbuja inmobiliaria, que si a lo largo de los años no se supo dar el paso adelante en la economía nacional, que si las políticas de los gobiernos pudieron fomentar una dinámica económica que al final ha contribuido a la crisis (ahí lo que hayan hecho Zapatero y los suyos tendría algo de influencia), que si las personas no somos tan racionales y cedemos a la locura de la burbuja, y un largo etcétera. En fin, cosejas que cuestan a los académicos años de estudio y disgustos (¡si aún se discuten detalles de la Gran Depresión, como el peso de las políticas públicas!).
Incluso dentro del cierre de un negocio u otro no estaría sólo esa crisis. Podríamos hablar de una reducción de la demanda porque hayan otros negocios semejantes en su zona. Un stock que se queda. Demasiado costoso. Y no queremos pérdidas. ¿Pero qué más da? Frente Nacional eliminó numerosas causas y factores para buscar al enemigo. Simplificó el mensaje y nos lo dio masticadito, como tercia en la propaganda.
Conclusiones
Vivimos en una era dorada de la información, como manda el tópico. Y si deseamos optimismo en plan Kurzweil, ¡digamos que la singularidad estará al caer! Pero anda desparramada, con un público tan particular como una especie que evoluciona irregularmente. Mal organizada. Contradictoria, pero normal: la riqueza de matices manda. Accesible y barata, con ofertas editoriales como la de Antoni Bosch, pero abrumadora. Y queda el asunto del interés, las veleidades de la disciplina y nuestra limitada capacidad para percibirla, con ese bien escaso del tiempo, aún cuando contemos con mayor esperanza de vida. Mucho se ignora, pero como nos afecta pues hay que abrir la boca con vaguedades, asunto común en tantas ciencias que conciernen al humano, como la medicina, las ciencias políticas o la historia. Y más en tiempos críticos.
¿Qué os puedo decir? Algo evidente, como que perseguir el conocimiento requiere paciencia, reflexión, tablas y madurez. A los que me leéis, confío en que tengáis culturilla, porque esta aventura intelectual necesitará que estéis a la altura. Invertid vuestro tiempo. Y elegid sabiamente obras, como Economía de Samuelson y Nordhaus, El miedo a la ciencia o El conocimiento y la riqueza de las naciones, ya citados anteriormente. La ciencia social necesita que se la comprenda y quiera más.
Notas al pie
1 ¿Empiezo un torrente de nombres? Mancur Olson. Thorstein Veblen. Von Neumann. Paul Romer. Jean Tirole. Daniel Kahneman. Herbert Gintis. John Maynard Smith. ¿Sigo? Tenemos físicos, sociólogos, matemáticos, psicólogos, biólogos, etcétera. Y podemos encontrar incluso influencias en otras ciencias y un clima de retroalimentación, como la estrategia evolutivamente estable.
Escrito por Daniel García el 27/04/2012 a las 19:53 | Sin comentarios
Veamos un par de posibles apreciaciones sobre las elecciones:
«Total, si voto no pasa nada. Y si no, tampoco.»
«¡Mi voto será decisivo! ¡Los que no votan son vagos!»
Son dos de tantas formas de pensar sobre las elecciones que convergen en un abanico pequeño de actuaciones: votar nulo, en blanco o a algún partido, o no votar (introdúzcase más variaciones según el sistema electoral). Hijos de una enorme gama de circunstancias y tras un estudio intuitivo del entorno sociocultural que les rodea, sobrestiman o subestiman su capacidad de voto. Lo más probable es que no los encontréis calculando el valor exacto de su voto, como en estos artículos de opinión: [1] y [2].
Uno de los últimos barómetros del CIS (julio de 2011) ofrece un buen ejemplo. Atengámonos a la pregunta 28, «¿Me podría decir si en las elecciones generales del 9 de marzo de 2008…?». Descubrimos que más de un 16% de una muestra de 2.475 encuestados no votó y las causas, principalmente, son 3: no pudo acudir a votar, acudió pero no pudo hacerlo o prefirió no votar. Analicemos los cruces. Relacionando la susodicha pregunta con variables socioeconómicas, políticas y sociodemográficas encontramos lo siguiente sobre quienes no han votado:
a) De la izquierda (escalas 1 – 4) al centro (5 – 6), el porcentaje de quienes no votan es relativamente alto (los porcentajes van del 11,3% en la izquierda moderada, que abarca los rangos del 3 al 4, al 20,5 en la izquierda de la izquierda). A su vez, un porcentaje aún mayor, el de la gente que no sabe o no contesta, no vota (el que ignora se queda en un 30,8% y el que no quiere contestar, en un 33,1%).
b) Encontraremos el mayor porcentaje (20,4%) en los municipios de 100.001 a 400.000 habitantes, aunque podemos encontrar una gama de porcentajes que no varía demasiado a partir de los 10.000 habitantes: del 14,1% al 20,4%. E incluso por debajo, en las categorías de municipios de 2.000 habitantes o menos y entre 2.001 a 10.000 habitantes, hallamos, respectivamente, estos porcentajes: 11,6% y 12,3%.
c) Hay otras variables que no parecen tener mucha incidencia en no votar, como el de los estudios (el rango de porcentajes va del 12,4% al 20,6%). Sin embargo, la edad sí que parece tener algo que ver: entre los que poseen 25 y 34 años, llegamos a encontrar un 25% de no votantes, porcentaje que disminuye ligeramente en el siguiente rango de edades (35-44) para continuar con su caída en los siguientes rangos, hasta llegar a ver un ligero repunte en la vejez (un 9,8% en individuos a partir de 65 años).
Como se observa, parece ser que podemos empezar a señalar circunstancias propias de quienes no votan, con lo cual merece la pena detenerse para ahondar en estudios que traten las actitudes y conductas frente al voto. Mostremos un par de ejemplos del CIS para ver en cómo se puede ahondar más en la cuestión:
a) Un estudio del CIS realizado en 1996 y titulado Actitudes sociopolíticas y cultura democrática. Latinobarómetro 1996 (I). Tenemos preguntas jugosas como «¿Vd. cree, en términos generales, que las elecciones en este país son limpias o son fraudulentas?». Y poco menos de un 23% que contesta que sí lo son. Y en la siguiente pregunta (sólo para los que han afirmado que lo son), se despliegan razones. La que triunfa es la «Otra», en donde puede haber diversas razones. Y le siguen las respuestas «Problemas de fraude electoral», «Las elecciones no sirven» y «No responde».
En otra pregunta, «Algunas personas dicen que votar por un partido u otro hace que las cosas sean diferentes en el futuro. Otras dicen que votar a un partido u otro no hará que las cosas mejoren en el futuro. ¿Qué frase está más cerca de su manera de pensar?», la creencia en que votar por un partido u otro no empujará a que las cosas mejoren en el futuro tiene su difusión, con casi un 24%. Se encuentran muchas más preguntas jugosas, que podrían ser útiles para analizar cruces y correlaciones en programas como el SPSS.
b) Contemplemos los cruces de este estudio, titulado «Actitudes hacia el estado de bienestar». Centrándonos en un cruce, el de la condición socioeconómica, vemos cómo en los obreros, tanto cualificados (22,4%) como no (22,7%), la opción de no votar se destaca. También cabe destacar el porcentaje de parados (24,6%) y el de pequeños empresarios (21%) que tampoco votan. Y no es plan de redundar, ya hemos analizado muchos otros cruces en el barómetro ya reseñado.
Y podríamos hallar todavía más ejemplos como La participación política de los españoles: democracia de baja intensidad (2007), que ahonda en las causas de la particular participación política de España y podría ofrecer piezas para entender mejor por qué puede haber algunas personas que elijan dicho motivo para considerar que no vale la pena votar. Pero, en todo caso, la búsqueda de los móviles para el no-voto será larga y complicada.
La cuestión práctica: ¿Cuánto vale tu voto?
Expongamos dos ejemplos. Vamos a suponer que no existen leyes electorales como la D’Hont que alteren el peso del voto: supondremos que tu voto vale exactamente lo mismo que el de los demás, independientemente de dónde vivas. Tengamos en cuenta que es un modelo teórico y está para facilitar el análisis. Primero, el abstracto.
Dado que en las elecciones de Modelo Ideal participaron 500.000 personas, de las cuales 2.832 votaron en blanco y 545, nulo, podemos exponer una serie de cifras. Si tú has votado, tu voto contribuye en un 1 / 500.000, lo cual significa un 0,000002% de incidencia en las elecciones. Y se puede expresar de muchas maneras. Si has votado por el partido B, el feliz ganador (150.000 votos), has contribuido con un 0,000007% (aproximadamente). Si se suma una persona o más a aquella masa votante, la importancia individual de cada voto decae. Cuando se unen 3.000 personas y la participación sube a 503.000 personas, el valor de tu voto pasa a ser un 0,000001988%.
Y ahora el real. Tomemos datos de las elecciones españolas del año 2008. Votaron 25.900.439 personas y entre esos votos encontramos 165.576 nulos y 286.182 en blanco. Pudieron votar 35.073.179 habitantes, con lo que hubo una abstención que rebasó el 25%. Con eso, un voto de un español valía un 0,000000038609384%, aunque dicho valor pudiera ser alterado en la práctica por leyes como la D’Hont. Sumemos un español que hubiera pensado «debería votar, pues al menos mi voto puede valer algo». Quienes votarían pasarían a ser 25.900.440 personas. La importancia de tu voto disminuye, entonces, a un 0,000000038609383%. Y ahora una suma más importante, 100.000 personas. Con los votantes a 26.000.440, la importancia de cada voto disminuye todavía más: un 0,000000038460888%.
Por último, supongamos una utópica participación del 100%, sin ni una mota de abstención. Tu voto pasa a tener una importancia del 0,000000028511815%.
Viendo estos datos, se puede defender intuitivamente eso de qué más da no votar. Si no pasa nada, hombre. Y ésos defraudan siempre. El problema es que tu voto, por muy poco que valga, no vale exactamente cero. A no vota. Bien, el voto de todos los demás pasa a valer algo más. B tampoco vota, con lo que ya sumamos porcentajes (o multiplicamos para mayor comodidad). Y si un montón de personas deciden no votar, es como esos granitos de arena que, al amontonarse, pueden convertirse en castillos u otras formas reconocibles por gracia y obra de mortales. En nuestro caso, hacen parte de una gran abstención que podría alterar el curso de las elecciones. Y eso sólo contemplando el caso de España.
Y para el que predica las buenas nuevas del voto, hay que parar el carro. Aportarás tu granito de arena, sí. Pero rara vez tu voto será decisivo. Tiene un peso ínfimo. A no ser que seas de un pueblo muy pequeño, rara vez te encontrarás con que tu voto pueda alterar significativamente el curso de las elecciones. ¡Piérdete entre la masa anónima!
En todo caso, podemos sacar unas conclusiones generales del modelo (introducid todas las complicaciones que podáis, como un valor del voto sujeto a la zona en donde vivas), aunque evidentes. El aporte de tu voto afecta más a un partido que al curso general de las elecciones, pero en todo caso nunca es cero. La importancia del voto varía dependiendo de la participación. Y la más importante de todas, votar sigue siendo útil. Sigue teniendo su valor.
Escrito por Daniel García el 26/10/2011 a las 19:18 | Sin comentarios
Publicado originalmente en otra bitácora mía, El heraldo de lo numérico
- Nada acaba, Adrian. Nada termina jamás.
Los 1.290.000 resultados aproximados al buscar en Google sobre Francis Fukuyama o los 31.000 resultados en Google Académico sólo son cifras que dan buena cuenta del principio de algo mayor y evidente, que han corrido ríos de tinta sobre su figura y, en especial, su tesis del fin de la historia, que nació en forma escrita en el verano de 1989 con un artículo en la revista The National Interest titulado ¿El fin de la historia?, con sus interrogaciones. Más tarde, sin interrogaciones y con un rótulo imponente, El fin de la historia y el último hombre, Fukuyama amplió su tesis. La plantilla de Free Press le dio forma editándola, maquetándola y corrigiéndola para acabar siendo un libro que rebasaría las 300 páginas y se publicaría en el año 1992.
Su tesis es bien conocida, aunque en ocasiones se omitan los matices. Empieza por su imponente título. Impacta, pero también tiene el riesgo de una lectura apresurada. Se puede profundizar en su libro, pero se puede comprender su tesis leyendo el artículo que le precede y encontrando resúmenes. Realizaré mi propio resumen para que tengáis nociones básicas de la tesis, exponiendo puntos claves de su artículo:
-Su tesis de la historia arranca desde una perspectiva filosófica más bien clásica, como bien se observa cuando cita principalmente a Hegel o Alexandre Kojève como antecesores de la idea del fin de la historia.
-Se comenta de primeras que la democracia y economía liberal al estilo occidental ha triunfado porque el resto de las alternativas (recordemos, el abanico de alternativas que Fukuyama expone es escaso, centrándose en las más importantes y extendidas como el comunismo) han fracasado.
-Asimismo, esa democracia y economía liberal pasaría a ser universal, terminando así un largo curso de evolución ideológica. Y que ha triunfado, al menos, en el mundo de las ideas y que falta por confirmarse dicha victoria en el mundo material, por lo que seguirán ocurriendo “acontecimientos”.
-Profundizando en el primer punto, Fukuyama cita a antecesores como Hegel, Kojève y Weber, hablando de una separación entre la conciencia, que arrancaría la gran mayoría de los procesos culturales e históricos que se manifestarían fuera, y lo material, en concreto lo determinista (según él, inunda las teorías económicas neoclásicas). Da importancia a los procesos culturales y de la conciencia como la chispa del desarrollo económico.
-Se tiene que comprender que sigue a Kojève en el sentido de que el desarrollo ideológico puede tener su final, manifiestándose materialmente en la política o la economía. Aunque también se puede comentar que el mundo material afectaría al desarrollo de la conciencia, acabando así en un proceso circular.
-Habla del liberalismo como “estado homogéneo universal” (un estado en donde toda contradicción se ha resuelto y toda necesidad humana, satisfecha), parafraseando a Kojève.
-Aborda la perspectiva del fin de la historia desde una herencia ideológica común a la humanidad y la esfera de la ideología y la conciencia. Comenta los dos grandes desafíos del liberalismo en el siglo XX, el fascismo y el comunismo. Argumenta que el liberalismo político y económico podrá sobrevivir en el largo plazo por motivos como que se ha introducido en la particular cultura japonesa.
-Es interesante señalar aquí un matiz poco conocido. Habla de dos posibles rivales ideológicos del liberalismo que serían contradicciones sin resolver, “muertos” el comunismo y el fascismo. La religión, que parece que no va a ser el “estado homogéneo universal” y será satisfecha por la esfera de libertad personal que ofrece el marco liberal, y el nacionalismo, pero no sería incompatible en muchas variantes con el liberalismo y si hubiera conflicto, no sería a raíz del liberalismo.
-Se supone que, por ejemplo, una Rusia después del socialismo volverá a las actitudes imperialistas decimonónicas, pero Fukuyama expone el caso chino, aunque tenga sus detallitos como la venta de misiles balísticos a Oriente Medio, para ver que podría no ser cierto. Y pone la cuestión en ver hasta qué grado han adoptado ese “estado homogéneo universal”.
-Se comenta que los avances de los principios fundamentales de la organización político-social no han sido muy extraordinarios desde 1806. Y que todas las guerras y revoluciones en nombre de ideologías que pretendían superar el liberalismo que han fracasado y, a la vez, han servido para propagar el “estado homogéneo universal”, aunque sin dejar de decir que es imposible descartar la aparición súbita de ideologías nuevas.
-Como los proyectos alternativos no tienen credibilidad al fracasar en todo Estado, es de esperar que el mercado común una diversos intereses nacionales y reduzca los conflictos. Sin embargo, advierte de que el mundo se dividirá en estados históricos, aunque menguen paulatinamente, y poshistóricos.
-Y concluye afirmando que el fin de la historia será muy triste, siendo la audacia, el coraje, la imaginación e idealismo de la lucha ideológica sustituida por la mera rutina, la satisfacción de demandas de los consumidores, la protección del medio ambiente y la resolución de problemas técnicos del sistema poshistórico, por supuesto liberal. Llega a firmar que no habrá arte ni filosofía. Se creará una nostalgia de “la historia” que alimentará el conflicto.
-¡Y otro matiz! Su frase final es Tal vez esta misma perspectiva de siglos de aburrimiento al final de la historia servirá para que la historia nuevamente se ponga en marcha, por lo que Fukuyama no descartaría que en algún momento se pueda deshacer ese fin de la historia.
Tras leer el artículo, se descubren matices que lo hacen más complejo aunque podamos seguir hablando del fin de la historia como el triunfo de la democracia liberal sobre todas las demás alternativas. Si se lee atentamente, se podría dar cierta credibilidad. Sus palabras, apoyadas en cierta erudición y ejemplos del mundo real, parecen muy plausibles para el limitado sentido común. Parece un conjunto de ideas relativamente consistente, pero sigue siendo obra de un ser humano que ha tenido que elegir un conjunto de conocimientos muy acotado a lo largo de su vida y es muy posible que haya fallado y omitido detalles.
Se han realizado numerosas críticas como ésta de la Revolución Naturalista, centrada en la complejidad de la vida política en el mundo real, pero en este artículo realizaré una crítica cuantitativa, centrándome en el artículo de 1989. ¿Por dónde empezar?
Historia: una aclaración necesaria
Podríamos hablar del uso inadecuado del término historia, que, por muchas definiciones que se hayan discutido, se podría resumir en su significado académico, el de la ciencia que recopila y estudia muchos de los sucesos sociales, culturales, políticos y económicos que le ocurrieron a nuestra especie desde hace 100.000 años aproximadamente y que se hayan podido registrar (cuando surgió el Homo Sapiens Sapiens), una nimiedad en comparación con la larguísima historia del cosmos.
Así, pues, parece arbitraria y no muy bien definida la separación entre historia y poshistoria, siendo una distinción que se crea para apoyar la tesis. Se tendría que volver a una lección de sentido común, que el ser humano, mientras viva y exista como especie, seguirá comportándose en relación con el ambiente, sus genes y su bagaje cultural, creando o participando continuamente en nuevos sucesos que incidirán en mayor o menor medida al resto de la población: podrían parecerse a anteriores sucesos o no tanto, pero ocurrirán de una manera única. Asimismo, esos sucesos podrían dejar más o menos constancia en diversos soportes de información, como la frágil memoria biológica o la diversidad de medios escritos.
A su vez, estudios históricos recogerán bastantes de esos sucesos (es muy improbable que los recojan todos por limitaciones de espacio, cantidad de investigadores que, a su vez, son humanos y sólo pueden registrar una cantidad limitada de conocimientos en relación con su esperanza de vida, e información almacenada).
La dimensión de la variedad biológica y sociocultural
Como diría Daniel C. Dennnett en su La peligrosa idea de Darwin, el número de seres humanos posibles rebasa con mucho la población total e histórica, aunque muchos de ellos saldrían siendo mutantes inviables. La cifra es un 1 seguido de mil millones de ceros. El número posible de humanos sanos será muy inferior, pero seguirá siendo una cifra inmensa.
Teniendo en cuenta que nuestra especie tiene más de 3.000 millones de pares de bases por miembro que, a su vez, pueden tener 64 combinaciones diferentes, más de 33.000 genes conocidos y sabiendo que los genes son la base de los órganos que nos permiten crear cultura, socializar y comportarnos (a la vez que se expresan a través del ambiente), es de suponer que el número de seres humanos posibles sea inmenso y, con ello, una enorme gama de comportamientos, ideas y formas de vivir.
Veremos, pues, un cambio continuo de gentes y acontecimientos a lo largo del tiempo basado en esas combinaciones posibles (nuestra propia historia pasada, presente y futura).
¿Hasta dónde llegan las ideas posibles?
Dada la complejidad de la especie, la estructura demográfica, que es bastante determinante en la organización de una sociedad, las condiciones geográficas y numerosos factores socioculturales, incluso lo que se llamaría democracia y economía liberal viene a tomar muchas formas distintas en la práctica, con detalles como distintas legislaciones sobre impuestos. La política y la economía, en última instancia, serían formas de organizar sociedades de dos personas o más e intercambiar recursos. Dentro de esa sencilla definición, podríamos describir un enorme abanico de ideas que dependerían, naturalmente, de muchos factores.
No podemos ignorar que son ideas creadas por cerebros humanos y que se benefician del intercambio con otros. En última instancia, forman parte de la cultura que significa, como diría Cavalli-Sforza:
La acumulación global de conocimientos y de innovaciones derivados de la suma de las contribuciones individuales transmitidas de generación en generación y difundidas en nuestro grupo social, que influye y cambia continuamente nuestra vida. Este desarrollo ha sido posible gracias a la capacidad de comunicación entre los individuos que se debe a la maduración del lenguaje [y añado yo: el lenguaje, en sus diversas formas, abre una posibilidad energéticamente eficaz de transmitir conocimientos rápidamente y de forma inteligible]
Así, pues, la cultura es una posibilidad que se nos abrió en el largo desarrollo evolutivo del ser humano, aunque haya sido muy difícil determinar en qué momento se posibilitó eso y cuáles genes se activaron en respuesta al ambiente (se discuten hipótesis como la de los pulgares prensiles, que permitirían manipular herramientas, o las mutaciones en el gen FOXP2 que nos permitirían, en parte, desarrollar el lenguaje, aunque parece que la conclusión es más complicada, siendo una mezcla de diversas hipótesis), y que presenta muchas soluciones posibles a las limitaciones del entorno físico.
Al mismo tiempo, también es interesante señalar que la cultura podría dirigir parte del proceso evolutivo, algo que se vería por ejemplo en la selección sexual, que adquiere muchas formas.
No olvidemos que el sitio en donde vivimos es un pequeño planeta situado en medio del sistema solar, un puntito en el cosmos. Como hemos podido ver por diversos estudios científicos, sus condiciones climáticas cambian continuamente, afectando a la vida biológica, incluyéndonos. Está vivo a juzgar por su actividad tectónica. Dependiendo de donde te sitúes, las condiciones climáticas cambian bruscamente y puede haber más o menos seres orgánicos comestibles: sin calorías para ser transformadas, no hay desarrollo alguno de civilización. Éstos son también condicionantes para la organización de sociedad humana y el desarrollo sociocultural. Algunas condiciones medioambientales, incluso, nos pueden llevar a la extinción.
En tal contexto, la premisa de que la democracia y economía liberal es y será la opción triunfante tras la caída de la URSS no se vuelve nada sostenible, máxime cuando nuestra capacidad de predecir es terriblemente limitada como nos lo prueba Paleofuture, que recoge muchas predicciones plausibles pero que se quedaron en nada porque es muy difícil contemplar una miríada de factores. Todavía quedan muchísimas combinaciones socioculturales, ambientales y biológicas por probarse que darán lugar a una inmensa serie de ideas políticas y económicas, de las cuales algunas podrán ser peores que la democracia liberal y otras, mejores.
Habrá fin de la historia, pero será cuando se extinga el ser humano y ninguna otra especie sea capaz de registrar los acontecimientos del mundo exterior y social.
Bibliografía
Cavalli-Sforza, Luigi Luca: La evolución cultural (Anagrama, 2007).
Dennett, Daniel Clement: La peligrosa idea de Darwin (Galaxia Guttenberg, 1999).
Diamond, Jared: Armas, gérmenes y acero (De Bols!llo, 2009).
Livi Bacci, Massimo: Historia mínima de la población mundial (Ariel y Crítica, 2009).
Ridley, Matt: Qué nos hace humanos (Taurus, 2004).
Escrito por Daniel García el 28/08/2011 a las 3:56 | Sin comentarios
Decía la primera profesora de introducción que tuve (pues me tuve que cambiar) que de una u otra forma las mujeres, más bien quiso decir las amas de casa, son economistas o actúan como unas. Y no estoy del todo en desacuerdo, de hecho, la palabra “Economía” viene de las palabras “Oikos” (casa) y “nemos” (hogar) así que hace referencia a administrar el hogar.
De hecho, no nos debería parecer extraño notar que la Economía está mucho más implantada en la cotidianidad de lo que creemos y que nuestras casas (y nuestras respectivas madres) son el ejemplo perfecto para introducir a las personas a la función de los Economistas y administradores pues ,si lo piensan bien, administrar un hogar implica una serie de decisiones que se pueden extrapolar a, por ejemplo, las empresas.
Cualquier Economía, sea la del hogar o la de los Estados Unidos, se enfrenta a, por lo menos, tres problemas:
-¿Qué produciremos?
-¿Cómo los produciremos?
-¿para qué o quién deben producirse?
Y para responder estas preguntas se han generado muchísimas respuestas, pues estamos hablando de cómo ha de ser nuestro sistema económico.
Como supongo que la inmensa mayoría de ustedes son hispanohablantes occidentales estaría de más explicar que tenemos una Economía de mercado y que estas preguntas encuentran respuesta en algo que llamamos soberanía del consumidor la cual determina que se produce y hacia dónde va.
http://es.mimi.hu/economia/soberania_del_consumidor.html
http://en.wikipedia.org/wiki/Consumer_sovereignty
Esto quiere decir que en nuestra economía de mercado quienes decidimos que es lo que pasará con nuestros recursos escasos somos nosotros los consumidores (tampoco olvidemos a los vendedores), mientras la tecnología suele influir en otros factores como el costo y la disponibilidad de dichos bienes.
Así que, de una u otra forma podríamos considerar que el capitalismo es una especie de “democracia de los consumidores” siempre y cuando tengamos en cuenta ciertos matices que Kantor nos hace notar:
En efecto, el capital, en una economía de libre mercado, se coloca de forma que maximiza los beneficios. Por tanto si existe la propiedad privada y los individuos son libres para gastar como quieran, la estructura empresarial sirve a los consumidores. El capitalismo es por tanto (según una famosa expresión), la democracia de los consumidores.
Sin embargo en la democracia de los consumidores el principio de un hombre un voto no se aplica. Cada persona tiene tantos votos como su participación en la demanda, es decir, los individuos votan ponderados por su renta. En la democracia de los consumidores, tanto tienes, tanto vales.
Si el mecanismo de libre mercado se limitase a ser eficiente en este sentido, más que una democracia, sería una “oligarquía de los consumidores” y solo debería aceptarse corrigiéndolo mediante la redistribución de la renta (y aceptando la erosión de los incentivos marginales en que se basa el propio proceso de mercado).
http://www.lorem-ipsum.es/publicaciones/articulo.php?art=43
Los términos oferta y demanda son quizá los más populares de la Economía (bueno, no más que “los mercados”) porque por alguna extraña razón los Economistas aman hablar de ello. Es algo comprensible porque la oferta y la demanda son las fuerzas que hacen funcionar este trenecito que llamamos mercado.
Un mercado es un grupo de compradores y vendedores de un bien o servicio en particular. Los compradores son el grupo que determina la demanda que habrá por el producto. Y los vendedores son el grupo que determina la oferta de dicho producto.
“Principios de Economía”, de Greg Mankiw, capítulo 4.
En nuestra bella realidad (para algunas es en exceso espantosa) los mercados están compuestos por varios vendedores y compradores, esto es, los mercados son competitivos, lo cual lleva a ciertas situaciones que nos son familiares como habituales consumidores como que existen varias empresas ofreciendo productos similares a precios similares.
¿Por qué ocurre esto? Podríamos decir que es porque lo quiso un malvado ente explotador llamado capital que, casualmente, también violó a mi madre. O podemos decir que ha sido porque un consumidor ha decidido comprar un par de zapatos.
La genial explicación de los economistas es que un solo comprador o un solo vendedor no puede cambiar el precio del mercado, asumiendo que este es un mercado perfecto. Cuando ocurre lo que no debería ocurrir, y es que existiría un solo vendedor que fije el precio del mercado, lo llamaríamos monopolio.
Por razones pragmáticas los Economistas asumen que los mercados suelen ser perfectamente competitivos, pues es más fácil analizarlos haciendo esta suposición. Ya en futuros artículos les explicaré por qué es importante suponer y utilizar modelos, no solo en la Economía, si no en las demás ciencias.
Prosiguiendo con lo que decía, los Economistas se pusieron a estudiar el mercado y notaron una relación interesante entre el precio y la cantidad de bienes demandados siempre y cuando los demás factores permanezcan constantes.
Digamos que Juanillo tiene a su disposición algún dinero para comprar calcetines, también suponemos que esta cantidad de dinero permanece constante (así no nos complicaremos con otra variable, irrelevante para esta explicación), y a su vez, podemos establecer una relación entre la cantidad de calcetines que adquiere Juanillo y el precio de estos.
Es evidente que al subir de precio Juanillo comprará menos calcetines, pues habrá perdido poder adquisitivo, algo también pasa cuando ocurre lo contrario, pero en este caso Juanillo adquirirá más calcetines.
Si se ponen a pensar en ello es algo bastante lógico. ¿Quién no ha comprado de más durante las rebajas que ofrecen las tiendas? Lo habrás hecho, a menos que seas un tacaño talibán ortográfico como mi novio.
Hagamos una pequeña tabla para representar mejor la relación entre el precio y la cantidad demandada de este producto:
A esta tablita la llamamos “tabla de la demanda”, por flojera no dije que la cantidad demandada está definida en millones de pares por año, y también he inventado los datos porque antes que futura economista, soy una floja
¿Quiénes han hecho por lo menos un curso de Matemáticas aquí? ¿Quién podría decirme que podemos hacer con esta tabla? (la cual es aparentemente inservible)
Como ven, los economistas adoran las gráficas, por tanto he decidido graficar aquella tabla usando Excel porque los graficadores online son una mierda inservible y no tengo a mi alcance algún programa como Data Studio.
¿Qué notamos en esta gráfica?
1- Es una curva.
2- Tiene un comportamiento decreciente.
3- Por tanto su pendiente es negativa.
4- Si no sabes cómo sacar la pendiente de una recta no aspires a sacar la de la curva.
5- No aspires a que te explique que es una pendiente.
A esta gráfica la llamamos curva de la demanda, su pendiente negativa nos lleva a formular algo que llamamos ley de la demanda:
http://en.wikipedia.org/wiki/Law_of_demand
http://www.investopedia.com/terms/l/lawofdemand.asp
Pero esperen, no pensarán que los economistas han dicho esto gratuitamente sin buscar una explicación a ello. Digo, existen evidencias empíricas y lógicas para afirmar tal cosa, pero todavía no sabemos por qué pasa esto, los economistas han encontrado dos razones por los que podría pasar esto:
a) El efecto ingreso: ¿recuerdas que dije que al subir los precios Juanillo comprará menos calcetines? Pues eso, al subir los precios Juanillo se vuelve un poco más pobre, pierde poder adquisitivo, por tanto, compra menos calcetines.
http://www.investopedia.com/terms/i/incomeeffect.asp
b) El efecto sustitución: Se presenta cuando el precio de un bien se eleva. Cuando el precio de X producto se eleva el consumidor, generalmente, tiende a sustituirlo por otros bienes similares Y,Z,W.
Ejemplo: Sube el precio de los helados, entonces los consumidores prefieren comer más dulces, pasteles, gaseosas y demás delicias engordadoras.
http://www.investopedia.com/terms/s/substitution-effect.asp
Hay más cosas que mencionar sobre esta curva:
1) La demanda de esta curva suele corresponer a la demanda de mercado (esto mismo pasa con la oferta del mercado más adelante) más no a las preferencias individuales. La llamada demanda de mercado corresponde a la suma de todas las preferencias individuales.
2) Ya fue mencionado implícitamente, pero es importante recalcarlo, la curva de la demanda obedece a la ley de la demanda.
Además de ello, la curva de la demanda puede desplazarse en función de varias variables. Si dicha curva se desplaza hacia arriba esto reflejará un aumento de la demanda, si se trata de lo contrario, se desplazará a la izquierda, por tanto se verá un decrecimiento en la demanda.
Esta gráfica lo ilustra muy bien.
http://www.eumed.net/cursecon/3/desplazamientosdemanda.htm
[Nota importante de la autora: no debes confundir un desplazamiento de la curva con un movimiento sobre la curva de la demanda:
http://www.eumed.net/cursecon/3/movimientosdemanda.htm]
Enumeraré dichas variables rápidamente:
a) El ingreso: el ingreso promedio de los consumidores es un determinante de la demanda. A medida que aumenta tu sueldo tiendes a comprar más, y esto aplica también al grueso de los consumidores.
b) El tamaño del mercado: El número de compradores también influye en el aumento de la demanda. Por ejemplo, supongamos que Popsy está vendiendo el cono de helado de dos bolas a 3500 barras y Juanillo, Prencejo y María Auxiliadora (que son obesos porque sus respectivos padres no los quieren, ¿no notan eso en sus nombres?) demandan dicho bien. Si Jesucristo rey se les une la cantidad demandada de helados de 3500 (y el número de miserables que no se compran el de 6000) aumentaría.
c) Las preferencias: A los Barranquilleros, ¿ustedes no llegaron a notar que el año pasado la gente llevaba unos relojitos de colores fosforecentes? ¿por qué habrá aumentado la demanda de esos estúpidos relojes? ¿o la demanda de las power balance? A los economistas no les interesa explicar eso, pero vaya que les interesa investigar lo que pasa cuando cambian las preferencias.
d) Las expectativas: Las expectativas sobre el futuro pueden o no determinar la demanda de ciertos productos. Por ejemplo, si necesitas comprar papas margarita para la lonchera de tu hijo y sabes que mañana el Carrefour ofrecerá los pasabocas con descuento ¿los comprarías hoy o esperarías hasta mañana? No sé ustedes, pero mi madre la cazadora de ofertas iría mañana.
e) Los precios relacionados con los bienes: arriba explicamos el efecto substitución el cual, en pocas palabras, se refiere a lo que suele ocurrir cuando un bien aumenta de precio, lo tendemos a sustituir por otros. Habrá menos demanda del bien A si su sustituto, al que llamaremos B, tiene un precio menor.
Este punto es interesante porque además de existir bienes sustitutos existen también bienes complementarios. Por ejemplo, si aumenta la demanda de jarabe de chocolate (debido a una bajada de precios) aumentará también la demanda de helados, el cual se suele consumir junto al jarabe.
Los bienes complementarios son aquellos que, por lo general, se utilizan juntos, como los carros y la gasolina.
f) Las influencias especiales: ciertos factores como un clima lluvioso o soleado influye en la demanda de ciertos productos. Por ejemplo, la demanda de sacos en una ciudad fría como Bogotá es menor a la demanda que hay en Barranquilla, en contraposición puede que la demanda de ron sea mayor aquí que… bueno, miento, todos los colombianos son unos borrachos.
Eso es todo lo que os puedo decir respecto a la demanda porque soy relativamente nueva en esto de la Economía y tengo medios de estudio muy limitados, la información es demasiado básica para, por ejemplo, un microeconomista, pero aspiro a que sea una referencia útil para aquellas personas que, como yo, no saben mucho.
¡Eh amigo!, no te marches todavía, que después de tanta habladuría sobre la demanda no podemos ignorar otro aspecto, muy importante: la oferta.
Imaginen ustedes a Jesucristo rey haciendo un negocio de venta de calcetines al mayoreo, gracias a algo que llaman tabla de oferta podemos establecer la cantidad de bienes que Jesucristo rey está dispuesto a producir, y el precio de este bien.
La lógica nos llevaría a pensar que Jesucristo rey produciría más cantidad de calcetines si el precio de estos aumenta, de hecho, me gustaría mostrarles un ejemplo de la vida real respecto a la oferta de los productos y su relación con el precio de estos.
En esta noticia hemos notado lo que trata de explicar la tabla de la oferta que ahora construiremos. Los agricultores no están dispuestos a vender sus sandías a ese precio, y probablemente las venderían si estas estuvieran a un precio mayor, y la cantidad de sandías ofertadas aumentaría a la par del precio de estas.
Esta es su respectiva gráfica:
Aspectos a resaltar de la gráfica:
1- Es otra curva.
2- Su comportamiento es creciente, a diferencia de la curva de demanda.
3- Por tanto su pendiente es positiva.
¿Qué nos quiere decir estos datos? Que al subir los precios de los bienes los vendedores se verán incentivados a producir y ofertar más de estos, pues al percibir más dinero de estos se verán en la capacidad de comprar mejor maquinaria, y contratar más trabajadores para producir dicho bien.
La pendiente es positiva debido a varios factores, entre ellos, la ley de los rendimientos decrecientes, un ejemplo que da Samuelson es el del vino. Si la sociedad desea más vino las empresas productoras tienden a contratar más trabajadores adicionales a la cantidad limitada de terreno apto para la producción de vino. Cada obrero adicional produce una cantidad menor de vino, por tanto, el precio necesario para lograr producir una cantidad adicional es mayor.
http://www.economia48.com/spa/d/rendimientos-decrecientes/rendimientos-decrecientes.htm
http://en.wikipedia.org/wiki/Diminishing_returns
(Este es un buen tema para otro artículo)
Algo que también debemos mencionar es que esta curva también se desplaza. Cualquier cambio que haga que aumente la oferta de un producto mueve la curva de la oferta a la derecha y es llamado incremento en la oferta. De lo contrario, si por alguna razón, por ejemplo que baje el precio de los calcetines o suba el precio del jarabe, la oferta disminuye, esta se desplazará a la izquierda, lo cual llamaremos decremento en la oferta.
Al igual que la curva de la demanda, existen factores que pueden desplazar la curva de la oferta:
El costo de producción: si los costos de producción de dicho bien son bajos en relación con el precio del mercado los productores encuentran rentable producir dicho bien. De pasar lo contrario, se producirán menos unidades.
La oferta de un bien está negativamente relacionada con el precio de los insumos utilizados para producir dicho bien (Mankiw)
Precio de los bienes relacionados: Si aumenta el precio de uno de los sustitutos de la producción se mermará la oferta de otro sustituto. Por ejemplo, si aumentan los precios de los confites las dulcerías ofertarán más confites y menos chocolates u otro sustituto.
Tecnología: la tecnología suele reducir los costos de producción, por ejemplo, automatizar la fabricación de helados reduce la cantidad de trabajo necesario para fabricar un helado, esto a su vez aumenta la oferta del helado.
Expectativas: al igual que con la demanda, las expectativas sobre el futuro pueden afectar la cantidad de bienes a producir por una empresa. Por ejemplo, si se espera que el precio de dicho bien aumentará, se aumentará la producción de este.
Número de vendedores: en pocas palabras, si se retiran vendedores, la oferta de mercado caerá.
Políticas gubernamentales: esto es importante porque lo hemos visto varias veces en la realidad. Por ejemplo, ¿Qué pasaría si el gobierno regulara el precio del arroz? Es probable que muchos productores acapararan el producto antes de ofertarlo, pues no verían rentable ofrecerlo a ese precio. Lo mismo puede ocurrir de forma inversa, si el gobierno subsidia a los productores de Etanol y al cultivo del maíz es probable que los agricultores dejen de producir otros bienes sustitutos como el frijol para producir y ofertar más maíz.
Elementos especiales: una ciudad como barranquilla tiene un clima que volverá nula o muy poca la oferta de implementos para esquiar, estos y demás factores como las estructuras de los mercados inciden en la oferta.
Mi pretensión de resumir más o menos lo que es la oferta y la demanda tal vez haya resultado un poco chafa, pero espero que entiendan que soy una principiante y que, como muchos de ustedes, intento aprender de esta experiencia.
Las correcciones y apuntes son bienvenidos, nunca hacen falta.
Pero hay algo que quiero comentar, y es una especie de reflexión.
Para los que hemos pertenecido a una izquierda más radical, o para los que pertenecen, el típico discurso anti-mercado y anti-capitalista resulta o resultó el pan de cada día para todos nosotros.
Pero si algo he logrado aprender intentando ser más humilde y, sobre todo, con el estudio, es que lo peor que puede hacer una persona es radicalizarse y parcializarse como suelen hacer los ultraderechistas y los ultraizquierdistas.
Esto incumbe también a los economistas, pues aunque no lo quieran asumir, tienen también un deber de propagar el mensaje y aclarar el panorama para las personas que no manejan esos conceptos.
Mis andadas por internet me han enseñado que existe una aversión injusta hacia el mercado como forma de organizar la actividad económica, abogando por formas absurdas de distribuir los recursos.
Todos sabemos que la economía de mercado no es perfecta y contiene múltiples fallos, pero eso no pasa porque sea un ente malvado que quiera joder al pobre trabajador, pasa porque el mercado es tal vez una de las cosas más humanas que existen.
¿Qué quiero decir? Que desde que tú y yo compramos y vendemos, hacemos parte de este.
Para corregir estos fallos existe el estado, cosa que trataré más adelante.
No les estoy pidiendo que cambien de ideología, si de verdad les parece que el capitalismo es el sistema más injusto que ha pisado la tierra no tengo nada más que hacer que resignarme en ese aspecto, sólo les digo que no cuesta nada informarse si van a hablar de Economía, no crean que esto ha sido fácil para mí, leer conceptos de libros y páginas completamente distintas supone un gran esfuerzo si nos damos cuenta que podría estar pasando más tiempo con mi novio o leyendo algo menos técnico para entretenerme.
Las leyes de la oferta y la demanda son conceptos clave para comprender que es una economía de mercado y como funciona, pudiste haber leído mil páginas de panfletos marxistas, si no te sientas a estudiar con disciplina lo que quieres criticar no valdría la pena esforzarse y discutir con un economista.
Llevarías las de perder.
Nos vemos en la próxima parte, allí les explicaré algo importante: el equilibrio entre la oferta y la demanda.
Shalom a todos.
————–
Fuentes
-Principios de Economía. N. Gregory Mankiw, quinta edición.
-Microeconomía. Samuelson y Nordhaus, decimonovena edición.
-Muchas páginas de internet
, Wikipedia, Eumed…
Escrito por Ibeth Rivero el 01/08/2011 a las 5:00 | Sin comentarios
Me disculpo por el brusco parón, consecuencia de mi nefanda tendencia a la pereza y la gula, además de estar en época de estudios, vacaciones y algo más. Nada más, ¡sigamos!
Y con esto empieza una saga en donde intentaremos empezar con algunas pinceladas de estadística, ya sean conocidas o extrañas. Entre otros pormenores, explicaremos porqué la correlación entre dos variables no implica causalidad, por qué la calidad de la cocina estadística está íntimamente relacionada con el presupuesto disponible o por qué el contenido de según qué preguntas puede implicar resultados diferentes. Y allá vamos con la primera entrega.
Lo que sigue es casi parte del abecedario básico de las ciencias sociales y, especialmente, de la interpretación de datos estadísticos. Cualquiera que haya leído algún dato estadístico sabrá que siempre hay una muestra que seleccionamos para inferir propiedades de la población. Y que solemos extraer frecuencias, ya sea porcentajes de una determinada propiedad (o variable) o el número de personas que compartan dicha propiedad. Aquí veremos dos de los cuatro tipos principales de frecuencias (o lo que llamamos comúnemente datos absolutos y relativos), los que podemos observar más frecuentemente en público. Incidimos en la distinción entre datos absolutos (el total de algo o, dicho estadísticamente, la frecuencia absoluta) y relativos (el porcentaje de algo o la frecuencia relativa con la que se presenta una cualidad en una muestra). ¿Y por qué tal explicación?
Veamos tristes precedentes derivados de una mala interpretación de ambas frecuencias. El sociólogo Josu Mezo escribió un notable y breve artículo sobre el manejo chapucero de ambos tipos de frecuencia. La obvia pregunta que hizo un compañero mío de clase en una asignatura sobre demografía, preguntando por los contrastes de los datos relativos y absolutos de la inmigración. Y la ambigüedad que se puede detectar al leer titulares del tipo “El consumo de cocaína en España supera por primera vez al de EE UU”. Al leerlo, uno lo suficientemente crítico se preguntará: ¿Y a qué se refieren? ¿Porcentualmente o en cantidad total? Por suerte, uno puede bajar los ojos y descubrir que hablan de porcentajes.
¿Casos prácticos?
» Os diré. España tiene 5,7 millones de extranjeros empadronados (INE). Y 6,6 millones que no nacieron en territorio nacional. En el año 2000, menos de 1 millón de extranjeros. Y si nos íbamos a los nacidos en el extranjero, casi 1,5 millones. Con datos absolutos en la mano, cabe la posibilidad de que digáis: “¡uau, sí que nos invaden!”.
Pero lo que os di fue, simplemente, un dato absoluto. ¡Os asombraré nuevamente! Estados Unidos tiene más de 38 millones de inmigrantes. Y probablemente echéis mano de esos apuntes históricos y os atreváis fácilmente a decir que se cumple de nuevo el tópico de la invasión. Sin caer en la cuenta de que, con datos relativos en mano, la supuesta invasión es aún peor en naciones como Israel (un 37,87% de la población total según datos de 2005). Y que si lo extrapolamos a los Estados Unidos, serían, de acuerdo con la población en el 2005, poco más de 109 millones de inmigrantes, una cifra bastante más impresionante.
» Otro caso práctico es cuando te hablan de que ha aumentado el hambre. Miras las gráficas y te das cuenta de que son cifras absolutas.

Como se ve, sólo nos dicen que ha aumentado el hambre, por lo que tienes que detenerte y pensar, por ejemplo, en que tienes que buscar por tu cuenta las cifras de la población mundial en esos momentos y establecer una relación propia. ¿O reaccionarás visceralmente, como éstos? Vamos a ver una serie demográfica de la población mundial del 2001 al 2009, el mismo intervalo en el que el World Food Programme decide exponer sus estadísticas sobre los hambrientos del mundo.

Teniendo en cuenta las cifras de los hambrientos y las de la población mundial, podemos establecer una serie relativa relacionándolas. Se dividen los hambrientos por la población total, ¡ya tenemos porcentajes! Y aquí se los mostramos. Nótese que los porcentajes son cifras aproximadas:
| Años | 2001 | 2002 | 2003 | 2004 | 2005 | 2006 | 2007 | 2008 | 2009 |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Porcentajes | 0,1391 | 0,1374 | 0,1357 | 0,1366 | 0,1350 | 0,1334 | 0,1394 | 0,1366 | 0,1506 |
Como se puede apreciar, el ciclo es relativamente irregular, con subidas y bajadas leves hasta el repunte del 2008 al 2009. Esto nos dará una visión más fidedigna de la evolución del total de los hambrientos en el mundo y es un magnífico ejemplo de por qué necesitamos disponer los datos de varios modos para disponer de una perspectiva mejor. Asimismo, es también un ejemplo de por qué hay que saber usar herramientas estadísticas de acuerdo con cada situación que vayamos encontrando, como se expone en estas magníficas diaspositivas.
» Observas ese interesante dato relativo. Si te centras en el absoluto, cinco tránsfugas en UPyD… vamos, no sería tanto si éste habla de toda España, hasta que te das cuenta de que este partido ha sacado 152 concejales repartidos a lo largo y ancho del país. Divides la cifra y sale un 3,29% (no 3,28% como incorrectamente aproxima el autor del artículo), lo cual se notaría más en un partido que haya sacado más concejales (ésta es la magnitud del dato relativo, que da una idea que no te la daría el dato absoluto).
» En su sucinta obra Cómo mentir con estadísticas (Crítica, 2011), Darrell Huff señala en el capítulo séptimo, titulado La cifra indirectamente relacionada, entre otras cosas, un mal uso de los datos absolutos y relativos a la hora de crear confusión. Señala que la cifra de 4.712 muertos en algún año en el ferrocarril estadounidense impresiona e incita a dejar el tren, hasta que uno ahonda en estas cifras y descubre que sólo 132 de esos muertos estaban dentro del tren. Y que la inmensa mayoría o bien iban en coche cuando se la pegaron en un paso a nivel o bien caminaban por las vías.
También nos invita a pensar en ello para otros detalles como los accidentes de aviación y los factores que hay detrás de esa cifra que parece mayor que hace varias décadas, como un mayor tráfico áereo. Y nos insta a seguir un consejo aún vigente hoy en día, que los medios de transporte varían mucho en cuanto a seguridad más allá del impacto que suponga un accidente aéreo (precisamente por algo es muy llamativo un accidente aéreo en la prensa).
¿Y cómo se obtiene un dato relativo o absoluto? Además… concluyendo, que es gerundio
Elijamos una muestra n de seis personas. Y otra de ocho personas. En la primera muestra, hay cinco personas con una variable en común, tener camisetas marrones en su vestuario. Dicha variable también se encuentra en tres personas de la otra muestra. ¡Si sumamos las personas con la variable de camiseta marrón de ambas muestras, son ocho personas o extrapoladas, si la calidad del muestreo lo permite, a muchas más! Usted reaccionará por tal dato absoluto. Y aparecerá su adjetivo favorito. ¿Y si le digo, aproximadamente, que es el 57%? Utílicese, probablemente, otro adjetivo.
¿Y cómo se obtiene el dato relativo? En este caso, podemos decir que la primera muestra nos daría un 83,3% de personas con camiseta marrón (5 camiseta-marrón / 6 total). Y que la segunda muestra nos da un 37,5% de personas con la misma camiseta (3 camiseta-marrón / 8 total). ¿Queremos saber el absoluto total, teniendo en cuenta ambas muestras? Perfecto. Sumando las dos muestras, tenemos 14 personas, de las cuales ocho tienen camiseta marrón. Dividamos (8 camiseta marrón / 14 total). Nos saldrá un 57,1%.
Y con esto, concluimos el ejemplo y esperamos que haya quedado remachada la explicación sobre estas herramientas estadísticas básicas y claves para comprender cómo nos movemos en el estudio de la ciencia social (y de otras ciencias, pues la estadística también es clave, por ejemplo, en los estudios genéticos).
Y si me lo permitís, una reflexión más general. Para el interesado, éste es sólo uno de los tantos pasos necesarios para ser competente en ciencias sociales. Nuestro objeto de estudio son las poblaciones humanas, centrándonos sobre todo en la complejidad de la cultura. Nos mezclamos con otras ciencias si hiciera falta. Al mismo tiempo, amén de aportarnos conocimiento sobre la vasta complejidad del ser humano y sus relaciones con otros, es una herramienta muy útil para conocer más precisamente los límites de las relaciones sociales y quién es el ser humano y, en consecuencia, conocer mejor qué ideas pueden beneficiar o no a la humanidad o a una población determinada.
Para ello, contamos con la matemática aplicada como baremo útil para conocer mejor cuál es la verdadera incidencia. Veamos un ejemplo práctico. Tenemos en un territorio una población de quinientos humanos y queremos medir la incidencia de algunas características como tener una discapacidad o no, por ejemplo. Esto nos da datos revelantes de cómo se organiza una sociedad, más allá de las impresiones intuitivas, atrozmente imprecisas y sembradas de limitaciones físicas (un ser humano por sí mismo no dispone de tanto tiempo para observarlos a todos ni puede recorrerse de pe a pa un territorio), prejuicios y sesgos cognitivos (por ello, también se habla de la importancia de emplear bien las herramientas estadísticas ya que busca ser más precisa que la mera impresión -si alguien le echa una ojeada a algún manual de estadística, verá algunos detalles de su historia y observará cómo se van afinando con el tiempo las técnicas-). Asimismo, esos datos también sirven para ver cómo se puede organizar mejor una sociedad y qué políticas de bienestar (también depende del modelo económico y político existente) se pueden aplicar.
Y como acompañamiento para lo antedicho, este artículo sobre la importancia de las matemáticas en la economía servirá, sobre todo porque el tema del cual habla también es aplicable a las ciencias sociales (verbigracia, asustaos al leer el manual de Massimo Livi-Bacci titulado Introducción a la demografía o no, ya que… ¿qué sería de la demografía sin precisas formulaciones matemáticas que nos permitan saber cómo va evolucionando una determinada población?).
Porque lo cuantitativo es importante si queremos una ciencia social mejor, porque no basta con contar historias que sólo te dan una idea muy aproximada de lo que ocurre y se basan en mecanismos frágiles como la memoria humana y su curva del olvido.
Escrito por Daniel García el 27/06/2011 a las 23:48 | Un comentario
Atención, caballeros: Ese artículo es más de opinión, sin sacar a la luz tantos hechos científicos.
Nos despedimos de un año que, para variar, ha durado 365,25636 días. Cada día ha contado con 23,934472 horas. Todo ello, obra y gracia del calendario gregoriano, con su elevada precisión astronómica, dejando desfasado el juliano. Muchas cosas no han cambiado esencialmente, pues la macroevolución es más bien lenta (como diría Edward Osborne Wilson en Consilience, hay una alternativa a la evolución biológica, la cultural). La gente ha seguido cayendo en sesgos cognitivos y falacias, produciendo más argumentos-basura y recordándonos que el cerebro no es la obra de Dios, sino de la ciega evolución biológica más ideas culturales a menudo erróneas.
Hará unos días, una de esas mamarrachadas fue realizada y difundida por diversas “casas de Dios”. Se asegura que la familia cristiana (imagino que sin importar las ramas) es la esperanza de Europa, aún cuando se sustentan en dogmas erróneos hasta el punto de tener que excusarse bajo metáforas y el estudio de la teología, que no resulta ser una rama de estudios más respetable que la criptozoología. Lección de año nuevo (y válida para los demás): no olviden nunca que cualquier modelo que hagamos para explicar una cosa tiene que tener una mínima correspondencia con lo que ocurre fuera, en la realidad visible (es decir, los hechos).
Oh, hablando de modelos y realidad visible… ¿quiénes de ustedes no han oído las típicas predicciones para el año nuevo y no han podido evitar pensar en lo evidente, que pronunciar unas palabras consume menos calorías que consumar el acto anunciado? Míticas. Y si aciertan, se golpearán el pecho… pero algo traicionero acaece: es mero azar. Que alguien diga “este año se verá una sociedad más abierta”… debería llevarnos al escepticismo, pues esa afirmación es más fácil decirla que realizarla: depende de cientos de factores y de si satisface a según qué intereses (puede haberlos más o menos influyentes). Otra cosa que no varía en nosotros: somos pésimos prediciendo, por lo que al final tendremos que hacer predicciones generales como las del horóscopo, que consigue acertar con según qué individuos de pura chiripa.
Obviamente, también hay indicios que permiten que una predicción sea mas plausible que otra y tenga, en principio, más posibilidades de acertar. Es más acertado decir “la economía variará” que “la economía crecerá”, pues sueltas una palabra genérica y, al mismo tiempo, más obvia: depende de factores genéricos pero más simples de identificar, sin tener que especificar ciertas conductas necesarias para que la economía crezca. Con todo ello en mente, diré unas cuantas cosas sobre este año nuevo.
Como la financiación para la ciencia no ha sido totalmente cortada por todos los gobiernos ni por todas las empresas del mundo, podemos decir que se publicarán artículos científicos (y hablo en plural, aunque lo más probable es que sean más de dos). Como muchos profesores de las más diversas carreras tienen que continuar con sus programas (verbigracia, en España el curso va de septiembre-octubre a junio), es muy probable que en más de una facultad de ciencias sociales se siga enseñando cosería posmoderna o el modelo estándar de las ciencias sociales, conocimientos ajenos a lo que viene pisando fuerte, la tercera cultura o la consiliencia.
Es muy probable (y ha ocurrido) que las personas muevan sus músculos este año, pues de ello dependen para hacer cosas si quieren continuar con vida. Es altamente probable que la especie humana no se extinga: aún no parece conocer su más acusado declive poblacional. Con toda probabilidad, las personas leerán libros.
Señores, esto es lo más probable que nos deparará el 2011. Y fue lo que pasó en el 2010.
A todo eso, una última predicción: habrán artículos a lo largo del 2011. Se publicarán algunos. Tengo parones largos, pero no tanto.
Escrito por Daniel García el 01/01/2011 a las 22:47 | Un comentario

El 28 de noviembre de 1994, día lluvioso y neblinoso a la vez en Nueva York, un físico, Alan Sokal, terminó su incomprensible escrito, inspirado sobre todo por el libro Higher Supersition, de Gross y Levitt. Tardó unos cuantos meses en investigar y escribir, peinando así las bibliotecas de su ciudad y empleando recursos como frases sintácticamente correctas sin sentido, mentiras o verdades en diversos grados (el propio autor aclara que puede estar de acuerdo con las cosas que comenta, pero de una manera mucho más matizada: por ejemplo, puede estar de acuerdo con modificar las instituciones científicas, pero no con redefinir la ciencia en sí). Lo envió poco después.
Y el 13 de mayo de 1995, día soleado en la misma Nueva York, fue revisado. Pasó la prueba. En 1996 se publicó, concretamente en un número doble de Social Text, correspondiente a primavera/verano. Parecía una acción inocente, pero no: generó debates académicos y fue citado por 679, según Google Académico (a día de hoy, 20 de noviembre del 2010). Cambió la historia de las ciencias sociales. Un ejemplo de ello está en la siguiente gráfica sobre el posmodernismo (referente a los artículos de la web JSTOR):

Fuente: Graphs on the death of Marxism, postmodernism, and other stupid academic fads (aunque hay que notar que sólo se ha analizado los artículos dentro de JSTOR, uno de los mayores sitios web de artículos académicos del mundo). En el eje vertical figura el número de artículos al año; en el horizontal, los años.
¿Qué era ese escrito? Transgressing the Boundaries: Towards a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity o, en lengua vernácula, Transgredir las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica, un curioso artículo cuyas secciones de bibliografía y notas superan en extensión al texto principal. Pese al eco del artículo, sólo era un paso más en el camino de un doctor en Física, harto de mensajes que en nada ayudan a la comprensión de los problemas de las sociedades, como éste de Baudrillard:
Lo que resulta más extraordinario es que ambas hipótesis, el apocalipsis del tiempo real y de la guerra pura, y el triunfo de lo virtual sobre lo real, se producen al mismo tiempo, en un mismo espacio–tiempo, prosiguiéndose implacablemente ambas. Señal de que el espacio del acontecimiento se ha vuelto hiperespacio de refracción múltiple, que el espacio de la guerra se ha vuelto definitivamente no euclidiano.
Fuente: La guerra del Golfo no ha tenido lugar (sic). Nótese que en las Imposturas Intelectuales de Paidós, la cita es algo diferente (no obstante, tienen el mismo sentido).
Y el caso es que de vez en cuando hay que bajar a la realidad. Sí, se comentó el curioso carácter de la primera guerra del Golfo, televisada. Pero de ahí no hay mucho más que sacar. Otra cosa es que uno no sepa cómo funciona una cámara de televisión y se dedique a elucubrar, hablando de varios planos de la realidad. Hasta donde yo sepa, en la Tierra todos compartimos el mismo plano de la realidad (si me encuentro con un humano iraquí, lo más probable es que le pueda tocar). Independientemente de si hay una cámara, que es sólo un aparato electrónico, cuando un F-16 suelta un misil aire-tierra y cae, por ejemplo, en algún punto de Bagdad, lo completamente normal es que haga pupa (están diseñados precisamente para eso, destrozar objetivos: no son globos que revientan sin más).
El hartazgo de dicho físico siguió, participando en debates y conferencias, amén de escribir su libro más conocido (y el que reseñamos aquí), Imposturas Intelectuales, en donde llegaba más lejos y criticaba, junto a Jean Bricmont, algunos tótems del posmodernismo como Deleuze, Guattari, Bergson, Baudrillard, Irigaray, Kristeva, Virilio, Lacan, Latour, Kuhn, Feyerabend y unos cuantos más. Por cierto, en dichos debates, algunos de los participantes como Kristeva llegaron a lanzar argumentos del estilo “en los EEUU hay francofobia”. Dicho libro, pese a lo que pueda parecer por el título, está más que matizado (si uno lo lee atentamente, observará numerosas matizaciones repartidas por todo el texto: los autores son muy conscientes de sus límites, pero saben ver que el posmodernismo no mejorará el futuro de las ciencias sociales).
Y para ir alumbrando, citemos la definición de posmodernismo empleada en ese libro:
Al parecer, amplios sectores pertenecientes al ámbito de las humanidades y de las ciencias sociales han adoptado una filosofía que llamaremos -a falta de un término mejor- “posmodernismo”, una corriente intelectual caracterizada por el rechazo más o menos explícito de la tradición racionalista de la Ilustración, por elaboraciones teóricas desconectadas de cualquier prueba empírica, y por un relativismo cognitivo y cultural que considera que la ciencia no es nada más que una “narración”, un “mito” o una construcción social (página 19).
Muchos de los autores por los cuales Alan Sokal y Jean Bricmont pasan revista tienen dos cosas en común: se entregaron a las marañas literarias (hay otros más claros como Kuhn) y entendieron mal teorías científicas, ya sea, por ejemplo, por una palabrita que ellos entendían de manera diferente (principio de incertidumbre, ejem). Ciertamente, puedes impresionar a unos cuantos académicos. Recibir respeto por lo incomprensible de tu lectura, haciendo que el lector se sienta tonto por no entenderla. Ser grandilocuente en tu retórica. Ser citado por muchos. ¿Y luego, qué? Puedes engañar a unos cuantos, pero no a todos ni a la realidad en la que nos hallamos. Rellenar tu texto con falacias de autoridad no importa. Discutir la realidad material de este mundo no importa. Lo que importa es estar apoyado por los hechos: sabes, al menos, que no te tirarás a un barranco, ni aunque te rijas por el solipsismo como nadie. Tienes, al menos, un hecho: si caes, es muy probable que mueras. Y te interesa vivir.
Y el caso es que no sólo es analizar las barrabasadas de cada autor, también hay secciones dedicadas a algunas ramas de la filosofía y al mal uso de teorías como la relatividad de Einstein o la teoría del caos, las consecuencias del posmodernismo en el día a día o el abuso del teorema de Gödel, lo cual hace más variada y completa su lectura. Para cualquier científico social (y persona), se hace imprescindible su lectura pues es una de esas obras que te ayudan a desbrozar de maleza tu travesía intelectual. No sólo los hechos te ayudan a orientar tu investigación, lo hace también el descarte de hipótesis que no ayudan a explicar de manera efectiva dichos hechos.
Por ejemplificar, el solipsismo (que se analiza en el presente libro) no nos ayuda para nada en la investigación científica, aunque sea una postura filosófica muy difícil de refutar pero no necesariamente sensata. Además, ¿de qué sirve? Cuando es posible estudiar la realidad externa que no percibimos gracias a instrumentos como la espectrometría de masas, que analiza, entre otras cosas, la estructura de las moléculas o sus compuestos químicos.
Por cierto, para según qué estudiantes de ciencias sociales, como un servidor, los argumentos matemáticos y físicos que emplean Sokal y Bricmont pueden ser arduos, pero necesarios (obviamente, hay que rebatir las barrabasadas científicas de los posmodernos analizados con argumentos serios). No obstante, en líneas generales se entiende bastante bien lo que quieren decir. Que no vale demasiado la pena estudiar seriamente a los posmodernos, pues usan argumentos erróneos y sacados por los pelos. Que tienen su base filosófica que debe ser comprendida para superar nuestros errores. Que uno puede aprender y reflexionar mucho sobre el sino de las ciencias sociales.
También merece la pena leer sus propuestas y argumentos, como lo de atenerse a los hechos cada vez que digamos algo relacionado con alguna ciencia (sí, es obvio pero nunca está de más recordarlo tras comprobar cómo esos posmodernos perdieron el norte) o sus comentarios sobre la complejidad innecesaria y necesaria de las ciencias. Sí, a veces viene bien que nos repitan las verdades del barquero: conviene tener las ideas claras. Detectemos algún absurdo: no tiene sentido el solipsismo precisamente en las Ciencias Sociales, que presuponen que ya hay un mundo exterior establecido: sin ese mundo, el humano no podría vivir (recordemos que es un animal que vive en unas condiciones muy especiales en el Universo) y, por lo tanto, no sería objeto de estudio. Y con esa idea clara, construyamos una base. Y avancemos.
En resumen, el libro ofrece algunas pistas para el futuro de las Ciencias Sociales.
Información adicional: Para un buen resumen del libro, es recomendable seguir ese enlace. Y también recomiendo una entrevista en donde se conoce un poco mejor el libro y sus autores.
Referencias bibliográficas:
Imposturas Intelectuales, Alan Sokal y Jean Bricmont. Paidós, 2008.
Más allá de las imposturas intelectuales, Alan Sokal. Paidós, 2009.
La Guerra del Golfo no tuvo lugar, Jean Baudrillard. Anagrama, 1991.
Escrito por Daniel García el 26/11/2010 a las 15:19 | Comentarios (2)
Si crees que es caprichoso el deseo de saber, puedes empezar a probar con la ignorancia.
Leo un nuevo y breve artículo de Pascual Serrano, consistente en un par de párrafos (en las fuentes originales, aclaro). Se ha publicado en su web y en Rebelión. Parece ser que dice lo mismo en ambos medios, así que reproduzco sin miedo sus líneas (utiliza la licencia Creative Commons 2.5). Separo algunos párrafos para mayor comodidad de lectura.
Pocas personas sabrán que para el cálculo de esa cifra mágica que tanto reverencian economistas y gobiernos que es el Producto Interior Bruto (PIB) se considera positivo, por ejemplo, un incendio forestal porque permitirá recoger alguna madera y se gastarán recursos en los trabajos de extinción y luego reforestación. O una epidemia sanitaria, porque aumentará la producción de medicamentos y gastos sanitarios. Estos dos casos ayudarán a aumentar el PIB de un país. En cambio, destinar recursos humanos a un programa de alfabetización o de educación sanitaria apenas mejorará la dichosa cifra macroeconómica.
El presidente del Instituto Nacional de Estadística español, Jaume García, ha revelado nuevas “prestaciones” del parámetro que nos ocupa. Según señaló en una entrevista al diario económico Cinco Días el 20 de octubre, ahora también el PIB contabilizará la prostitución y el contrabando”. Así lo explicaba: “hay algunos ámbitos, como el de la economía ilegal, hablamos de prostitución, contrabando y tráfico de drogas, que de forma explícita a fecha de hoy no forman parte del PIB, aunque en el reglamento están contempladas. Por dificultades metodológicas, ningún país de la UE las incluye, pero está previsto que en un futuro no muy lejano, aprovechando el cambio de base, se puedan incorporar, contabilizándose en el PIB. Son tres sectores no despreciables de ámbito económico, de difícil medición, aunque alguno de ellos parcialmente seguro que está indirectamente recogido en lo que es la información del PIB”.
De modo, que cuando leamos que este o aquel país ha mejorado su Producto Interior Bruto, quizás se trate simplemente de que ha aumentado el tráfico de drogas o la prostitución, los incendios han devastado su foresta o ha sufrido una epidemia de malaria. Ahora ya sabemos qué valor debemos darle a las cifras macroeconómicas que gustan tanto de exponernos.
Escrito por Daniel García el 18/11/2010 a las 22:50 | Comentarios (2)
La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero. – Antonio Machado
Nada, procedía a saludar. Que este engendro ya puede empezar a tener público. Sí, ¡y tiene dominio propio! Como habéis visto por la descripción, esta bitácora se ha metido en camisas de once varas. ¡Pretende divulgar las ciencias sociales! Afortunadamente, a pesar de ser más o menos locura, ya es realizable. Y considero que esta labor es bastante necesaria, dado que he visto ya a mucha gente que se deja llevar por impresiones causadas por sesgos cognitivos, como el de confirmación (selección interesada de las pruebas que confirmen tu versión). Ejemplificaré: en la página web Catholic.net, Fernando Cavanillas de Blas se equivoca al hablar del término del matrimonio, en referencia a los homosexuales:
Y ya nadie, se vería ofendido por llamar Matrimonio a lo que hablando con propiedad, nunca ha sido, es, ni puede ser.
El Principio de no contradicción de Aristóteles dice claramente: una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo lo que es. Y el Matrimonio , no puede ser al mismo tiempo clara y rotundamente lo que no es.
Ha obviado un detalle elemental que se da en Lingüística, una ciencia social, el cambio léxico-semántico que, por otro lado, tiene, generalmente, cuatro causas, como señala Luis Alberto Hernando Cuadrado en su Introducción a la Teoría y Estructura del Lenguaje: lingüísticas, históricas, sociales y psicológicas. El término matrimonio, de hecho, puede significar otras cosas. Sin ir más lejos, cito su cuarta definición del Diccionario de la Real Academia Española (hace casi dos siglos no estaba, por cierto):
4. m. P. Rico p. us. Plato que se hace de arroz blanco y habichuelas guisadas
Dicha academia todavía no ha cambiado la primera definición (o añadido un quinto significado), por cierto. Pero es perfectamente posible que lo haga, pues se adapta más o menos a la realidad de los hablantes (ya señalé más arriba las causas del cambio semántico), como ya lo hizo, sin movernos de aquí, con matrimonio. Vean la definición de la séptima edición de la RAE, que data de 1832 (página 476 de dicho diccionario):
Se aprecian contrastes con la definición actual, notablemente más breve (en ambos casos hablamos de la primera definición, ojo):
Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales.
Y la de 1832:
Contrato que se celebra entre mujer y hombre por mutuo consentimiento externo, en que da el uno al otro potestad sobre su cuerpo.
Como se puede observar, se ha dado un cambio significativo. En el significado actual se menciona el matrimonio civil de pasada, mediante el término “formalidades legales” (no, no hay peligro de ambigüedad: la RAE suele ser bastante meridiana en sus significados). No hay que obviar que el matrimonio civil no existió hasta 1870 en España, por lo que en el significado de 1832 no se menciona dicho tipo de matrimonio. Este caso (por otro lado, ejemplo de cómo la metodología cualitativa sirve para describir hechos) puede servir para entender las relaciones entre sociedad, cultura y lenguaje (al parecer, en el caso que expongo se hace evidente dicha relación, pero no quiero sacar conclusiones aún: sólo dejo caer que es un buen ejemplo de cómo funcionan las ciencias sociales).
Oh, hay que parar el carro… En fin, esto de más arriba sólo ha sido una muestra de lo que quiero hacer en esta nueva bitácora (de hecho, en los artículos quiero ser menos especulativo). Soy una persona realista y sé que hay muchos entre tontos y cabezotas. Pero, sin embargo, también sé que hay gente interesada en aprender (pesimistas, esa gente existe. Y vaya que sí existe: gente como Nicolás). ¡Valdrá la pena! Y aunque no haya nadie, disfruto también escribiendo estas líneas. Escribir, junto a las Ciencias Sociales en general, es una de mis vocaciones. Y aquí se hará bastante trabajo. Más trabajo del que he hecho en bitácoras como Cerebro de Espuma, que fueron buenas prácticas (por otro lado, ociosas: no había investigación tan seria). Quiero ser veraz en la medida de lo posible, citando referencias de toda clase y leyéndolas. Me voy a quemar los ojos leyendo cosas de todos los colores. Voy a pedir asesoramiento a otros especialistas si hace falta.
Como sabéis, estudiar una ciencia social, al igual que cualquier otra ciencia, debe darte una mayor capacidad para discernir y así evitar que te la cuelen. Esta bitácora debe ser eso. ¿Qué haré? Aparte de escribir con irregularidad (podría publicar de 2 a 6 artículos al mes, pues cada uno me puede llevar bastante tiempo por lo que hay que investigar), debo saber de qué escribir. Y el tema principal, cómo no, son las ciencias sociales (economía, sociología, lingüística, derecho, antropología, historia, etcétera).
Habrá reseñas de diversos libros, divididas en dos niveles (una sección fija en donde hay una larga lista de libros, cada uno con un breve comentario de pocas líneas). Y una categoría de reseñas, que serán artículos largos en donde hablaré más en profundidad de un libro. Se podrán analizar estudios y estadísticas. Se hablará de la ciencia social en sí, como en el caso de la evolución de las teorías de la cultura o la sociología de la religión. Se criticarán artículos o comentarios de la gente que me halle en Internet (la crítica, al igual que la divulgación de una teoría u otra, es imprescindible pues nos permite ver mejor en qué fallan -al tratar de rebatir, se tienen que desplegar evidencias y llegar, incluso, a hablar del método científico en sí-). Posiblemente se planteen debates (dependiendo del éxito que tenga la página). Y mucho más. Ya veré cómo evoluciona esta web, pues pueden surgir necesidades nuevas.
Habéis de saber que mi especialidad es la sociología, carrera que estudio actualmente (voy por tercer año). De ahí el título de la bitácora, aunque pueda ser provisional. Es, de momento, el espacio de un aspirante a sociólogo que no ha publicado nada, ni en la revista más andrajosa. Sólo tengo 20 años. Mi inexperiencia es pavorosa. Sin embargo, ¿para qué deprimirme? Ahí estamos. Ya he cometido una valentía. Y de lo que se trata es de practicar y curtirme, además de lo que puedo aprender. Sólo por eso ya merece la pena. Meto la pata a menudo, por cierto. Si sabéis y me veis equivocándome, proceded a comentar esos errores y vuestras correcciones. Gracias. Mejoraré, que imprescindible será.
Si hablo en primera persona es porque, de momento, el dueño de la web soy yo. Y tan dueño, a pesar de usar una aplicación web como WordPress. Este diseño, tan horrendo él, lo he programado con mis manos. Y me quedo contento por el resultado (tira más o menos en la gran mayoría de los navegadores). Y todo lo que se haga aquí está en mis manos, pero no descarto que hayan múltiples autores en esta web que ofrecerán una mayor variedad de artículos, aparte de la posibilidad de convertir a esta web en una página seria sobre divulgación científica en castellano.
Y, para terminar, un ejemplo de cómo se citarán las fuentes de los artículos en esta web (al menos por mi parte). Explico brevemente (y perdón por repetirme): leeré libros y páginas web para saber que no estoy diciendo tonterías, además de buscar información nueva y adquirirla, si el cerebro lo permite. ¿Cómo los citaré? Para las webs, un enlace. Y para los libros, una sección al final titulada “Referencias bibliográficas”. Abajo mismo está:
Referencias bibliográficas:
Introducción a la Teoría y Estructura del Lenguaje, Luis Alberto Hernando Cuadrado. Editorial Verbum, 1995.
Escrito por Daniel García el 14/11/2010 a las 3:59 | Comentarios (3)